Arranca la gigantesca autopista invisible

  • Noruega se embarca en un colosal plan ingeniero para unir algunos de sus fiordos más profundos con una estructura inédita: puentes colgantes sumergidos.

Si un ser gigantesco la emprendiera a martillazos contra la línea costera de un país, saldría Noruega. Vista desde el cielo, esa división tierra-mar parece producto de un ataque furibundo de cólera. Acuática, eso sí. Los jirones de terreno son, en realidad, fruto del abrazo destructor (o escultor, según se mire,) del agua congelada. Hace cosa de 2.500 millones años, durante el Cuaternario, los glaciares horadaron pacientemente las montañas de ese país hasta tallar valles profundos que el océano anegó tras la fusión del hielo y la elevación del nivel del mar. Aquel apocalipsis ha brindado a este reino nórdico algunos de los paisajes más dramáticos de nuestro hemisferio. Miles de turistas se embarcan cada año en cruceros para admirar vertiginosos saltos de agua y monumentales pedestales en un paisaje a escala de Gulliver. Visitar los fiordos es un espectáculo conmovedor; vivirlos, una experiencia cercenante si el trabajo, el estadio de fútbol o la consulta médica quedan al otro lado de un brazo de mar.

Alargada, accidentada y agreste, Noruega es cuatro veces más grande que Portugal, pero con la mitad de habitantes que el vecino luso: apenas 5,3 millones, de los que un tercio reside en torno a una franja costera literalmente hecha añicos. Esta fragmentación provoca que la comunicación por tierra entre determinadas ciudades resulte tremendamente compleja. Hasta el punto de que algunas de esas localidades sean más accesibles en barco que en coche o que incluso en avión. El desnivel entre los escarpados picos y los hondos fiordos hace del extremo occidental noruego un lugar tan pintoresco como infernal para los automovilistas. En la actualidad, cubrir los 1.100 kilómetros de la ruta que une Kristiansand, en el sur, con Trondheim, en el centro, a través de la transitada autopista E39 obliga a los conductores a tomar hasta siete ferrys y emplear un total de veintiún horas en el desplazamiento.

El Gobierno del país se ha propuesto acabar con los trasbordadores para los coches que circulen en ambas direcciones. Quiere acortar los tiempos de viaje y propiciar así la revitalización del mercado nacional de trabajo y el inmobiliario. ¿Cómo? Con un faraónico proyecto de ingeniería, inédito en muchos aspectos. Ahora, el grosor y la hondura de algunos fiordos obliga a bordearlos, prolongando así los trayectos entre dos y tres horas. La Administración de Carreteras Públicas de Noruega (ACPN) se dispone a acabar con los rodeos y conferir continuidad a la E39 con un festival de soluciones técnicas, algunas de ellas nunca vistas, como varios túneles sumergidos flotantes -los primeros del mundo-, larguísimos puentes en suspensión o el mayor corredor subacuático excavado en roca.

Fuente: Ideal,

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